Guerra
Guerra en mi corazón,
Explosión y dolor.
Yo sé que cada mes tengo caídas y ni aun así me acostumbro a ellas.
Tampoco es que quiera acostumbrarme, corrijo: lo que quiero es aprender a navegarlas.
No supe en qué momento me vi hinchada, gorda, aumentada por mil tallas y la báscula con la nutrióloga terminó de confirmarlo.
Dos kilos más cuando me había esforzado por mantenerme más en calma.
Dos kilos más cuando me había limitado más que nunca según yo, de comer ciertas cosas.
Efectos contrarios a por lo que había trabajado.
La vida me cayó de golpe, sentí el peso de mis creencias, me sentí una loca que ve la vida de manera daltónica. Una realidad virtual y me quitaron los lentes.
Cuando vi la dieta que la nutrióloga me dio caí en cuenta de cosas que he descuidado:
* Evitar dejarme lapsos largos sin comer
* Comida de calidad para estar nutrida en vez de solo atragantada
* De nuevo mastiqué pan y comí pan en exceso
* Resulta ser que el pan me inflama
* Ataques de ansiedad combinados con hambre de no estar nutrida: resumidos en terminar comiendo pura azúcar ante atracones que no los veía como atracones pues comía de poco a poquito como hámster
* Cuidar tener varias comidas pequeñas en el día
Me di cuenta estando en casa de mis papás y reconociendo las mil cosas que se me antojaba picotear: una nuez de la india más, una papita más, las orillas del pan, las cortezas del pan dulce, un chocolate más y otro más y otro más, los códitos del bolillo, una galletita más, bueno y si mastico una galletita más no cuenta como comerla bien, y una rebanada de jamón más que de pronto se convierte en 10 rebanadas en resumen y así TODO eso, en una sola tarde.
Cuando lo ví de esa manera, caí en cuenta de en realidad lo fuerte que había sido mi cuerpo, de lo mucho que ha aguantado tanto peso, tanto exceso, tanta exigencia, tanta crisis... tanto maltrato.
Concluí: necesito ayuda con la comida, ¿por qué me da miedo darme ese lujo de comodidad? alguien que me prepare, alguien que lo resuelva, alguien que solo me de lo que necesito cuando lo necesito sin tener que gastar de mi tiempo, energía y mente para tratar de organizarlo.
Esta semana se logró a medias porque sí tuve que preparar el fin de semana pasado los desayunos y medio planear la logística de la comida y con ese poquito que solté ya fui feliz. Con los snacks ya fui feliz, mi digestión cambió.
Mi cara sigue mejorando.
Recayó por ver a Alonso, las espinillas siguieron pero no le atribuyo la colitis a él, eso fue por mi crísis de Power Bi con mis jefes.
Aunque me encantaría haber tenido la disciplina de escribir las razones y motivos por los que decidí permitirle volver a tener interacción conmigo para ahora escribir conclusiones, no las tengo y en realidad no importa porque puedo llegar a ellas:
Su último intento (de él) pero incluso en su último intento siento que me supe defender. Mi burbuja de jabón... no era una armadura pero me permitía volar lejos de él cuando peligraba aplastarme.
¿Por qué lo intentaría? La verdad no lo sé. No sé qué alimenta a una mente como la suya y gracias a Dios ya perdí el interés de comprenderlo.
Todo le salió mal porque jugó en base a mis reglas o al menos a lo que en su reducido cerebro alcanzó a comprender que eran mis reglas y ni siquiera lo eran pero me halaga que siquiera hubiese querido intentarlo. Pobre imbécil (y aclaro que es la palabra más grave que he dicho de alguien y la última que diré pero no me siento culpable de decirla pues mi enojo es genuino y al mismo tiempo siento que lo describe perfecto: combinación entre un pobre desgraciado -literalmente sin gracia-, un ingenuo y pobre alma perdida) de todas formas no le creí, no lo dejé entrar en mi confianza y sé con certeza que resintió eso, que a pesar de todos sus esfuerzos, Gaby ya no se soltaba y Gaby ya no sería su presa fácil dócil y eso le caló en el alma. Me gustó fingirme más loca, entrar en su juego y revertirle el efecto, disfruté volverlo loco un poco, disfruté verlo querer llegar al extremo para "asustarme" y que saliera huyendo,
Ya me asusta por naturaleza pues sigo sin entender que exista gente tan vacía, rota y retorcida capaz de tanto y al mismo tiempo de nada. Pero no me asustó cuando me quería asustar. Para cuando lo intentó yo ya iba 1,000 pasos delante en su juego estúpido.
Lo que me afectó fue por mi corazón de pollo y de ese no me arrepiento ni lo haré nunca, yo sí tengo buenos sentimientos y eso no es un issue, tuve la capacidad de quererlo y me dolió que yo le importara tan poco. Pero no pasa nada, no me moriré.
Me gusta imaginarme tocando hilos de las personas, hilos de sus corazones, hilos de sus heridas y de sus recursos enterrados para ser más conscientes y sanar. Me gusta de manera consciente tocar partes de ellos. Pero sigo aprendiendo a no exponerme al hacerlo.
Como sea, a lo que iba es que no sé si mi cara va mejorando por estar alejada de él o porque la comida equilibrada y cayendo en el momento que toca, me esta haciendo bien,
Me caí, me caí de nuevo. Y seguro me caeré muchas veces más. Es rico decir que me caí y no me importa.
Incluso verme en las fotos y reconocerme de nuevo en este lugar y saber que esto no me define ni esto soy yo.
Me definen mis ganas de no rendirme y siempre querer salir adelante.
Ya no tengo miedo, tengo ganas.
Ganas y ánimos pues veo las bendiciones De Dios, veo cuánto me ha cuidado y todo lo que me sigue dando.
Veo a mis papás, a mi familia, a la gente del trabajo que ha sido muy amable conmigo, veo mi trabajo, la oportunidad que tengo de generar dinero, de ser independiente, de mover y jugar con variables de mi vida. Veo mi cuerpo, que es precioso aunque muchas veces lo cargo de pendientes y de reprendas que me parecen inaceptables en este momento.
Ya son muchos años, los que tengo tan claro y fijo el cuerpo que quiero tener y que me hace sentir contenta, puedo decir con certeza la cantidad de veces que he podido estar así y son tres, y el resto de mi vida? Peleando.
Guerra.,
Estoy cansada de la guerra por eso hoy decido verlo con optimismo.
Porque ya he transitado este camino en innumerables ocasiones, sé levantarme, sé lo que me hace bien, lo que me da paz y lo que no. ¿Por qué no llevarme hasta ese camino con alegría? ¿Por qué no llevarme con amor propio, con ligereza, con entereza y fe?
La palabra FE, llegó a mi desde el martes por la tarde y fue hermoso... buscaba palabras que empezaran con F por ser Febrero y había empezado el mes con muchas palabras... fortaleza, fluidez, frescura, firmeza y felicidad... sin darme cuenta que todas cabían en la palabra Fe que además me ligan directamente a Dios.
Siento mi pancita menos inflamada, a pesar de haber comido, me siento satisfecha, no siento ansiedad, no estoy inflamada, sé que estoy nutrida, sé que estoy haciendo lo correcto incluso al reposar mi espalda.
Estoy agradecida pues nada fue un daño mayor, estoy agradecida pues a pesar de todo parecer gris, también se empieza a pintar como acuarela.
Si Dios me vuelve a dar oportunidad de entrenar, lo haré con alegría, lo haré con esperanza, optimismo y felicidad y no como un mandatorio ni como algo que DEBO cumplir.
Supongo que este entusiasmo repentino que sale de mi cerebro se debe a la hidratación, a no estar drogada por cortisol ni por estimulantes. A estar llenita de vitaminas, de colores, de nutrientes, minerales. Todo lo que logra mantenerme entera para mantenerme motivada con mi vida, con llenarla de nuevos conocimientos, nuevas experiencias, nuevas historias. Estoy emocionada por ver con Fe todo lo que la vida me trae, estoy emocionada por ver las alegrías. Ver el atardecer y enfocarme en el naranja y amarillo impregnando la parte baja de los predios y los árboles... llenando de tanta luz y de sombra simultáneamente. Ver los árboles y el viento y maravillarme por sus mensajes, por los suspiros de la naturaleza que me piden volver al centro, volver a conectarme primero conmigo para volver al centro de la tierra, de la naturaleza y sentirme cerca De Dios.
Siento como si solo me hubiera desviado tantito del camino durante estos días de altibajos, crisis y guerra interna y hubiese vivido toda una vida y el tiempo hubiese perdido dimensión. Pero de pronto vuelvo al camino y es como si nada hubiese cambiado, como si mi paz estuviese aquí y jamás se hubiera marchado, simplemente me estaba esperando, ni siquiera con ansias, desesperación ni agotamiento... me esperaba contenta, emocionada por escuchar las anécdotas de todo lo que había vivido y para reflexionar junto a mi sobre qué se queda y qué tan solo necesita ser re-dirigido o visto desde diferente perspectiva para transformarse en magia bonita llena de sanación y calma.
Me da la impresión que La Paz nunca se irá de aquí, que me esperará siempre que necesite moverme un poco o mucho, a pesar que me pierda en el camino, a pesar que me aloque. La Paz supongo que es Dios. Debería decir en cambio que de hecho es una certeza. Lo escucho en los paisajes de la carretera, lo escucho en los rayos del sol, en el agua que tomo y en los pajaritos de la mañana.